Isabel

Análisis del capítulo 1×12: La muerte y el futuro


Objetos de procedencia extranjera llegan a palacio. Es un espejo de cobre. “Lamento que os parezca triste nuestro hogar” son las palabras que Isabel dirige a Fernando. Él parece feliz e incluso un poco risueño, ella por el contrario está fría y marca distancias con su esposo. Cárdenas, el sobrino de Chacón está de vuelta, que hace un elogio al espejo y se encuentra, también con la frialdad de Isabel. En un impulso Isabel quiere tirar al suelo el espejo algo que Cárdenas frena porque según los árabes romper uno traería años de desgracias, cuando se enteran de triste noticia: “El Papa ha muerto” por atragantamiento de fruta anuncia Carrillo. Fernando y Isabel están distantes. Isabel quiere que se le rinda respeto a su Santidad que acaba de morir.

El Rey Juan está contento de la muerte del Papa. Un Papa que muy pocas veces, por no decir nunca, le ha ayudado. Peralta le refiere al Rey todo lo que sabe de Sixto IV, un Papa que no tuvo la unanimidad, algo que Rey lo ve favorable puesto que va a necesitar muchos apoyos, además, el Rey le informa a Peralta que va a ir Roma y saque el dinero de donde haga falta, pero que tiene que anunciar al su Santidad que Aragón lo apoya, todo para conseguir la bula del matrimonio de su hijo y el apoyo que Isabel y Fernando lleguen a reinar en Castilla. Peralta se hace eco de las malas lenguas que dicen que el Papa ha muerto por estar yaciendo con un muchacho. Los dos hombres ríen.

Peralta llega a roma y le ofrece los apoyos de Aragón al nuevo Papa. “¿Todo su apoyo?” dice el Papa, pero está claro que sus apoyos no los rechazará. Béneris que está con los dos hombres le refiere la preocupación del Rey Juan al nuevo Papa y no es otra cosa que los derechos de los príncipes a reinar en Castilla. Además el Papa le pide a Béneris que informe y que traiga al Cardenal Rodrigo Borja, algo que no sienta nada bien a Béneris. Hace lo que el Papa le pide y va en busca del Cardenal Borja, se lo encuentra con varias mujeres en sus aposentos.

El nuevo Papa habla claramente con el Cardenal Borja y le deja claro que el apoyo de Aragón es necesario pero no se puede enemistar con el Rey Castilla. “¿A quién apoyamos a Doña Isabel o a Doña Juana?” Borja le comenta claramente y sin preámbulos lo que haría su antecesor, el que más dinero dé a Roma, pero Borja en su mente tiene claro que hay que acabar con los problemas político – sociales y lo más importante para él es conseguir la paz a Castilla. Borja partirá a Valencia, su tierra, en el Reino de Aragón y mantendrá una serie de entrevistas con todas las partes y de vuelta a Roma se lo comunicará al Papa. Entre los deberes que tiene que acometer en Castilla es nombrar a un nuevo Cardenal y solo hay dos posibilidades: Carrillo o el Obispo de Sigüenza, hermano de Mendoza. El Papa deja claro también que quiere tener contento al Rey de Aragón por los apoyos que le ofreció y el Cardenal le recuerda que el anterior Papa no le hizo ni caso, lo que Borja pide es la bula matrimonial para Isabel y Fernando, algo que se obtendrá sin mayor esfuerzo. El Cardenal Borja también deja claro sus ambiciones, quiere ser Papa.

Fernando tiene que ir a Aragón, Isabel no se toma bien la noticia. Las palabras de Isabel hacia su esposo son de reproche. Reproches de su vida en Aragón, de su amante y de su hijo bastardo, pero Fernando pasa. Es una fuerte pelea que llega al máximo cuando Fernando dice “¡soy un hombre!” más enfadado que sereno y le recuerda a Isabel que incluso los curas tienen mujeres y no las esconden. Isabel le pide que Fernando jure que nunca la será infiel, “No” es la respuesta de Fernando que se va de los aposentos. Con las puertas abiertas de los aposentos Isabel le dice que Cárdenas irá con él a Aragón.

Pacheco le da consejos a su hijo, como dejando claro que quiere que siga sus pasos. Hablan de Enrique y de la necesidad que tiene los que gobiernan de hombres como ellos, porque según Pacheco no tienen mano para gobernar. Las cosas solo se hacen por “Honra o beneficio” por nada más.

Una familia judía es atacada en Segovia. Cabrera pide ayuda a Enrique y el Rey le pide consejo a Cabrera pero Pacheco lo frena, porque se sabe que Borja viene por dos cosas: 1) buscando apoyos para la cruzada  que quiere hacer el nuevo Papa y 2) buscando apoyos económicos. Enrique pregunta cuánto se le puede, Cabrera le informa que no se le puede dar más de lo que se le da.  Argumento que aprovecha Pacheco para ir en contra de los judíos. Pacheco acusa a cabrera de judío y cabrera le recuerda que “soy cristiano, Pacheco”. Enrique pide esperar. Pacheco cambia de tema, buscando una vez más imponer su voluntad, quiere que la persona que Castilla mande a Valencia sea Alonso de Fonseca, pero el Rey ya tiene su candidato, el Obispo de Sigüenza, Pedro de Mendoza, cuya llegada es anunciada.

Carrillo le ofrece a Fernando una detalla descripción del Cardenal Borja o Borgia (como lo conocen en Italia) es muy mujeriego y ambicioso. Fernando le agradece a Carrillo su confianza, pero Carrillo sabe que de este viaje depende mucho el futuro del joven matrimonio como el de Castilla, además el suyo propio, porque es uno de los candidatos para ser nombrado Cardenal. Cárdenas va con el príncipe. Isabel le da la bendición a su esposo en este viaje como en muchos otros, Fernando le da un beso pero Isabel aparta la boca y al final es un casto beso en la mejilla. La relación es gélida incluso en la partida.

Borgia se entera, por boca de Béneris, que Carrillo y Pacheco son los que manejan los hilos, los que gobiernan realmente. Béneris describe a Carrillo como hombre directo, mientras que los adjetivos hacia Pacheco no son buenos, sibilino y desleal, dejando que “los dos son ambiciosos”. Dice del Rey de Castilla que es “errático y advenedizo”, mientras que Isabel no tiene más remedio por la situación en la que se encuentra. Fernando es político y astuto, al igual que su padre, e Isabel piadosa , una mujer de Dios que no pierde un rezo, prudente y ambiciosa. Béneris es lo que le dice a Borgia, mientras que Borgia le refiere que va a hacer un examen exhaustivo de cada uno de los bandos, porque realmente lo que está en juego es el futuro.

En Aragón, Fernando llegan a tiempo de encontrarse con su padre antes de partir a Cataluña. Fernando le da algunos consejos a su padre antes de su marcha, para conseguir que los catalanes acaben como amigos y no enemigos. Padre e hijo se quedan solos. El Rey Juan le pide que apoye a Pedro de Mendoza, porque es el futuro y Carrillo es de otro tiempo. Pero el viejo Rey de Aragón sabe que los “Mendoza son la llave para gobernar Castilla”.

Los hermanos Mendoza hablan de la elección y el miedo hacia Carrillo queda patente. Diego le da consejos a su hermano Pedro, prudencia y sobretodo que al estar en casa del enemigo regale elogios hacia el Rey Juan o hacia Fernando, porque él puede ser quien lo reciba en Valencia, a lo que Pedro le dice a su hermano “no fallaré”.

En valencia está todo preparado para recibir al Cardenal Borgia. Mendoza se ve cara a cara con Fernando, que es la persona que lo recibe. Hablan con cordialidad. Cárdenas le dice al Obispo que se juega limpio que Carrillo e Isabel esperan la visita de Borja. “Ni mucho ni poco, lo justo” le dice Cárdenas a Fernando cuando Pedro de Mendoza los deja solos. La recepción de bienvenida celebra con una cena. Fernando habla con Rodrigo, Fernando habla bien de Mendoza, a quien le regala grandes elogios, porque ante todo los Mendoza son leales a la corona, algo que necesita y necesitará Castilla. La charla se hace distendida, pero Fernando le deja claro al Cardenal que hay dos Castillas y que en este viaje, sin duda, las conocerá: la vieja y la nueva, pero Fernando le deja claro que si se nombra Cardenal a Mendoza el Rey de Castilla, sea el que sea, Roma “siempre” contará con el apoyo del Rey. Borgia, por su parte, trae algo que al joven príncipe le interesa mucho y le muestra brevemente la bula papal de su matrimonio, pero no lo puede hacer público hasta que Borgia regrese a Roma. Cárdenas y Mendoza en ningún momento han separado sus ojos del príncipe y del Cardenal.

Carrillo dice de prestará sus posesiones de Alcalá de Henares, algo que Isabel apoya, porque son posesiones más distinguidas y pueden dar una mejor imagen, además están cercanas a la Corte Real.  Carrillo se va y Chacón se enfrenta a Isabel debido a sus problemas con Fernando. Isabel no niega que hay “tensión” entre Fernando y ella, pero le dice a su fiel Chacón que sabe distinguir a la mujer-esposa de su papel de princesa. Pero Chacón le deja claro que está más preocupado por la mujer que no por la princesa.

Otra vez en la recepción, Fernando habla con Mendoza y lo acerca a donde se encuentra Borgia y le pregunta por Fernando, pero Mendoza le informa que a quien mejor conoce es a Isabel. Borgia no pierde la oportunidad de pregunta por la joven princesa, Pedro regala buenas palabras, pía, inteligente y resalta su carácter, cuestión que antes nadie le había ofrecido antes al Cardenal. Borgia le cuenta a Pedro que Fernando solo ha tenido buena palabras para con él, algo que le asombra debido a la existencia de dos bando y le recalca que lo que le contó el príncipe aragonés, en su bando nadie lo haría. Pedro está asombrado, aunque no lo demuestra. El Obispo se acerca a  Fernando y a Cárdenas, para mostrar su agradecimiento ante la defensa que de su candidatura, momento que Fernando aprovecha para decirle que nunca atacará con un Mendoza y Cárdenas lo deja claro. Mendoza ofrece su casa a Fernando y a Isabel, “quien sabe”.

Borgia está con Enrique. Al Cardenal le asombra lo que ve y Enrique le recalca que lo antiguo como la tradición son muy importantes. Entra Pacheco y con cierto descarado responde a las palabras del Cardenal. Finalmente Pacheco dice que los Mendoza están esperándolos. El gran problema es la sucesión cuando se deberían unir en contra del infiel que todavía está asentado en Granada y el miedo en Roma radica a que se teme una guerra entre los reinos por la sucesión. El Rey no le quita la razón al Cardenal, al igual que los Mendoza. Pacheco explica todo lo sucedido, habla de los Pactos de Guisando y como Isabel los rompió al casarse con Fernando, pero Borgia sabe que Isabel no fue la única que rompió dichos pactos, momento en que la expresión de Rey cambia. Borgia quiere una solución y como tal va a escuchar a ambas partes, por parte de Isabel estará Carrillo y por parte de Juana el propio Pacheco, quien intentando parar todo, es el Rey quien lo hace callar para aceptar la propuesta de Borgia.

Fernando, de vuelta en Castilla, dice que ha visto la bula. La noticia más esperada al final ha llegado. Carrillo está confiado del apoyo de Roma, incluso de su propio nombramiento como Cardenal, y quiere hacer pública la bula, pero Fernando le dice que le ha prometido al Cardenal que no se dirá nada hasta que Borgia se marche para Roma. Isabel no se muestra contenta. Fernando le dice a Isabel que hay que apoyar a Pedro de Mendoza, por lo que Carrillo no llegará a ser Cardenal. Fernando sabe que es una oportunidad única para quitarse a Carrillo y no “ser un matrimonio de tres”. Fernando le pide discreción al igual que está haciendo Cárdenas y él mismo. Fernando hace muestras de un acercamiento afectuoso hacia su esposa quien se muestra fría y quieta como una estatua de hielo. Él le cuenta no que no se ha visto con Aldonza y le reitera su fidelidad desde que contrajeron matrimonio. El remarcado silencio de ella lleva a Fernando a decirle que se lo pregunte a Cárdenas si no se fía de su palabra, pero Isabel sí que lo cree y utilizando las mismas palabras de Fernando le reitera que no quiere tener matrimonio de tres.

Carrillo y Pacheco juntos otra vez. Carrillo está más feliz de lo normal cuando se encuentran. Pacheco se muestra en contra de Isabel, pero muestra una nueva opción y es que la niña Juana se casa con alguien de la familia real aragonesa. Borgia le recuerda que necesita también una bula, cuando Pacheco quiere contestar, Borgia lo pone sobre las cuerdas, pero además Pedro de Mendoza le recuerda su firma ante notario y su desprestigio hacia Doña Juana. Pacheco deja esa comisión y se va a hablar con el Rey quien no se cree que un Mendoza pueda estar aliado con Carrillo. Pacheco no se fía de Carrillo intuye que sabe algo que nadie más sabe, el Rey sigue sin creérselo, incluso Cabrera ve imposible esa supuesta unión que la define como “agua y aceite”. Pacheco deja claro que él no regresará a esa comisión y menos cuando se siente tan menospreciado por ambas partes. Borgia juega con el anillo, Carrillo dobla una carta, pero Borgia le pregunta qué es lo que quiere de él, a lo que Carrillo responde su ayuda a Isabel, cuando se quiere explicar Borgia le dice que espere que cuando se encuentren, en otra reunión, hablaran del rey y le dice que salude a la princesa piadosa.

Fernando, Isabel reunidos con Chacón y Cárdenas, mientras Carrillo les pone al día contando la huída de Pacheco. Hablan de Borgia, quien parece que es contrario a Pacheco y los Mendoza, que Carrillo dice que siempre son leales y por lo tanto “acatarán”. Carrillo está convencido de que será nombrado Cardenal e Isabel mira a Fernando con cierto disimulo, quien tiene su vista perdida en fuego que arde en la chimenea. Carrillo le informa a Isabel que se encontrarán con Borgia el mismo día de la Nochebuena, se oficiará a Misa del Gallo a la que debe acudir, pero le pide fervientemente  que arregle sus problemas, Chacón lo interrumpe, pero Carrillo lo frena y le dice que es claro que el matrimonio no está pasando por su mejor momento y ella debe dar una buena imagen, a lo que  Fernando contesta “no os permito dudar de mi esposa” y hace una condicional defensa de su mujer porque en ella está el futuro y nadie es mejor para defender el futuro. Carrillo dice que al día siguiente se partirá para Alcalá y se va.

En la corte hay una cena los Mendoza al lado de Borgia y con el rey. Pacheco hijo y padre hablan de Carrillo y de su supuesta elección, sin saber que Borgia ya tiene al elegido, y del odio de los Mendoza hacia ellos. “Si no hay honra habrá que obtener beneficio” dice Pacheco padre mirando a Cabrera. Pacheco padre se levanta para hacer un brindis por el Cardenal recién llegado. Borgia le reprocha su huida de la comisión y se defiende alegando que los Mendoza son suficientes para defender los derechos del Rey y de la corona, además recuerda que para los Mendoza la princesa Juana es importante, muy importante para los Mendoza. Pero Pacheco hace una maniobra alegando que el pueblo castellano ve que los judíos son los que tienen el dinero, el Rey alega que lo que está diciendo no es verdad, pero las palabras de Pacheco provocan que el Rey mire a Cabrera, los dos saben que sus palabras van dirigidas a él. Por lo que Pacheco está haciendo un llamamiento en contra de los judíos.

Isabel reza, Catalina entra y le pregunta si necesita algo más, ella dice que. En ese momento entra Fernando, que se queda en el umbral observando a su esposa, ella, mientras, le agradece su gesto y él no se arrepiente. “Nunca os trataré como a una niña” así deja bien claro cuál es su postura para con ella, ya que él ve en ella un mujer, siempre la ha visto como reina y es por lo que va a luchar. Él le da las buenas noches, pero en el aire queda un beso reprimido e igual de deseado por ellos.

Borgia halaga a la princesa Juana y más que nada su educación. Pregunta al Rey por la Reina. El Rey la disculpa alegando que se ha ido de viaje. Cabrera se acerca a Pacheco, que se hace el tonto con respecto al tema de los judíos. “No sois nadie cabrera, nadie” dice Pacheco con arrogancia mostrándole el poder que tiene al Mayordomo del Rey.

El Rey y Borgia se retiran para hablar en privado. El cardenal le dice que Mendoza es el elegido y que su viaje a Alcalá es una mera “formalidad”, pero no se puede decir nada hasta que se vaya a Roma, porque el Papa puede cambiar de opinión y además le pide dinero para la cruzada. El Rey se queda contento.

Cabrera quiere hablar con el Rey pero rechaza su propuesta porque no es el momento, el Rey va a Pacheco y le dice que estaba equivocado, muy equivocado con respecto a Borgia.

Borgia está en una habitación con dos mujeres, quienes le cuentan que la Reina no está en Portugal sino en Extremadura. Le cuenta que los reyes viven separados, que la Reina tiene mellizos con un noble castellano, el asombro de Borgia se hace patente porque ha elegido a un simple noble, algo que la muchacha le responde que se debe a que el Rey puede tener otras preferencias ya que nunca tocó a la Reina como un hombre toca a una mujer, por lo que le informa que Juana puede llevar por sus venas otra sangre que no es la del Rey.

Alcalá de Henares, Día de Nochebuena, Rodrigo Borgia llega, lo recibe Fernando, quien le presenta a Chacón, Carrillo le la bienvenida, Borgia y Fernando se miran, y finalmente entra Isabel montada a caballo. Lo saluda haciendo la genuflexión, pero el Cardenal no se lo permite. Todos se retiran para que Borgia e Isabel hablen. Los dos se van a pasear. Carrillo no está conforme con la idea de dejar a solas a Borgia con Isabel, Chacón le pide confianza. La princesa le dice que por encima de todo ama Castilla, la tierra donde nació. Borgia le hace saber que ha escuchado que es una mujer muy religiosa, ella le responde que así fue criada, él le informa que su religiosidad es mayor que cualquiera que esté en Roma, ella le menciona que lo sabía, le dice ella no puede contravenir a los designios del Dios pero dice claramente que un clérigo debe rezar y no gobernar. El Cardenal le dice que conoció a su sobrina, ella elogia a Juana. En lo tocante a la sucesión le deja claro que ella lo firmó así, ella cumplió con lo pactado. Borgia da a conocer los rumores que apuntan a que Juana a lo mejor no es hija del Rey algo que Isabel desmiente. Borgia va más allá y le pregunta que hará si ella accede al trono, ella con firmeza le dice que conquistará Granada porque es fundamental y algo que su hermano nunca se planteó, expulsar al infiel y hacer un Estado fuerte y unido. Ese es el plan de Isabel.

Cabrera y Beatriz hablan de Pacheco y del poder que quiere a costa de Cabrera, ya que es el tesorero de Madrid y Segovia, sabiendo que él quiere acceder a las arcas. Cabrera defiende al Rey, pero su esposa le abre los ojos porque el Rey en cualquier momento puede cambiar de idea. Ella sabe que su marido debe defenderse. Le dice que hable con Isabel, él se niega, pero ella le explica que sería el acercamiento entre el Rey y su hermana y para limar asperezas y el comienzo de la disolución entre los dos bandos. Él se niega.

Borgia y Carrillo ofician la Misa del Gallo donde están presentes Isabel y Fernando. Carrillo le dice al Cardenal que no se preocupe por los príncipes, porque las decisiones que ellos tomen es porque tienen su visto bueno. “¿Estáis seguro?” Es la pregunta con la que Borgia le responde a Carrillo, siendo sabedor que los príncipes ya han tomado decisiones a espaldas de él, pero seguro de sí mismo Carrillo le dice a Borgia que ellos dos le deben mucho. Carrillo mostrando sus cartas le dice a Borgia que si lo eligieran Cardenal, el Papa no se tendría que preocupar porque los intereses de Roma se cubrirían y se respaldarían sin ningún problema.

Isabel despide a Borgia, él le hace saber que lo su persona lo agradó mucho, “ha sido un placer conoceros Princesa”. Borgia le dice a Fernando que será Mendoza el elegido y le agradece a Carrillo su hospitalidad y le da la bula del matrimonio de Isabel y Fernando “dejad que todo el mundo lo sepa” dice Borgia cuando ya está montado en su caballo, porque a Dios ya ha bendecido ese matrimonio.

Cabrera habla con un hombre, un rabino, Cabrera quiere hacer creer al pueblo que lo que se cuenta sobre los judíos es mentira. Les están haciendo creer que el dinero lo tienen los judíos y el rabino le dice  que hay que hablar con el Rey. Pacheco y su hijo ve hablando a Cabrera con el rabino, mientras sus palabras son claras de que al pueblo “no le gustan los judíos”.

Borgia, antes de continuar su viaje a Roma, para en la casa de los Mendoza donde se dice que Pedro de Mendoza será nombrado Cardenal. Cuando Pedro le va a dar gracias, Borgia que fue gracias a los apoyos de su gran valedor Fernando de Aragón. La cara de Diego de Mendoza es de asombro antes tal noticia. Borgia se va no sin antes advertir a los Mendoza que espera que las alianzas que hagan sean las correctas para el futuro que está por venir.

Catalina e Isabel hablan de la fidelidad en el matrimonio y de las diferencias entre la fidelidad esperada por el hombre y la mujer, pero mientras nosotras, las mujeres, debemos una intacta  fidelidad ellos no lo son, “es una batalla perdida” le dice Catalina a Isabel, porque hay que saber en qué batalla luchar, “el mundo es así” le dice Catalina. Le explica que mientras a los hombres que son infieles no se les señala con dedo, las mujeres infieles serán tachadas. Isabel le pregunta a su dama que debe esperar de su marido y Catalina le recuerda que Fernando “os admira” y ninguna mujer puede decir eso de su esposo, porque no lo suelen hacer.

Los hermanos Mendoza juegan al ajedrez. Las cosas han cambiado, como señala Diego y Pedro quiere que Isabel y Fernando estén en su ordenación, pero su hermano está indeciso porque quiere ser leal al Rey. Pedro le recuerda que Pacheco está débil, cayendo y que ahora sería fácil de rematar, pero Diego se da cuenta que los apoyos de Fernando se pueden significar que Carrillo también ha caído, por lo que: “¿se puede apoyar a Isabel sin traicionar al Rey?”.

El Rey le declara a Pacheco que el Cardenal elegido es Mendoza. y Juana, por tanto, es la princesa elegida por Roma no Isabel. “Me pregunto cómo se lo habrá tomado Carrillo”, piensa en voz alta Enrique.Carrillo no se lo ha tomado nada bien y maldice mil veces al Cardenal Borgia.

Rey y Cabrera hablan del problema de los judíos, pero Enrique le dice a Cabrera que no es el momento, respuesta que el mayordomo no acepta de buen grado. Enrique le dice que Roma debe saber que Castilla no falla al Papa en cuestiones de fe. Pacheco está detrás de ellos todo el tiempo, en esos momentos un criado le hace entrega de una misiva por la cual se enteran de la bula papal del matrimonio de Isabel y Fernando. Pacheco le reprocha al rey lo de su esposa, porque mientras Juana ha dado a luz a hijos de sus amantes, Isabel es mujer piadosa que no se pierde una misa, además que nunca se ha decidido a tomar Granada, ahora al Papa no se le gana por la fe del Reino y añade que los tesoros de la Corona estén en manos de judíos, lo dice mientras mira a Cabrera. El Rey pone una mano en el hombro de su mayordomo, pero Pacheco termina su discurso diciendo que el problema judío es un problema de Estado.

Isabel no quiere ir a la ordenación de Pedro de Mendoza por respeto a Carrillo. Pero lo hace más que nada para mantener las formas, porque Carrillo está enfadado y muy humillado y la invitación de los Mendoza lo enfada más si cabe y cree que lo hacen para humillarlo más todavía. Pero Chacón ve en esa invitación un modo de acercarse al Rey. De los allí reunidos, una vez que Carrillo se va, sólo Chacón no sabía que Mendoza sería el elegido, ni tan siquiera Cárdenas le dijo nada, algo que da muestra de su discreción y de su buen hacer, porque da señas de confianza. Chacón se queda con la boca abierta y se alegra de la discreción con la que lo han llevado todos. “Entonces Señora, ¿cuál es el siguiente paso?” Isabel dice que hay que hablar con Cabrera y Chacón le señala al hombre perfecto, su sobrino, Cárdenas.

Cabrera habla con el Rey sobre los judíos, por activa y por pasiva “¿no confiáis en mi?” ese es el miedo que tiene Cabrera, pero Enrique que no es esa la razón. El Rey ha sustituido a Cabrera del Tesoro de Madrid y el Rey le recuerda que tiene todavía el de Segovia. El hombre que parece que lleva el tesoro de Madrid es Pacheco.

Pacheco y su hijo hablan de la inutilidad de los reyes, porque realmente no saben actuar si no se actúa por ellos. Le da consejos a su hijo, que si alguna vez sufre la caída no se retire muy lejos, porque los reyes siempre los acaban necesitando.

Cabrera pasea por el pasillo, está desolado y su rostro así lo muestra. Beatriz, su esposa abre las puertas de sus aposentos, le informa que hay un hombre que quiere hablar con él. Cabrera mostrando su desconsuelo, cree que es el rabino, pero se sorprende cuando ve que el visitante es Cárdenas que viene a nombre de Isabel.

Isabel y Fernando están juntos en sus aposentos. Él le echa elogios como princesa y mujer, “¿y esposa?” él dice claro que no hay ninguna como ella. Él es su esposo y de nuevo, una vez más, le reitera su amor “os amo”. Se besan y ella también reitera su amor y que nunca aceptará que esté con otras mujeres que no sean ella. Mientras los besos continúan, Isabel gira el espejo para que nada se refleje en él.