Isabel

Análisis del capítulo 1×11: El hijo bastardo


Mediana de Rioseco: llegan Fernando e Isabel con su pequeña hija. Ella está sumida en sus pensamientos. Su semblante es serio pero un tanto alicaído. Una vez dentro del que será su hogar, observa sus nuevos aposentos, traen a la peque Isabel “Dejadnos solos, por favor” es lo que Fernando dice cuando para que Catalina salga. Cuando comienzan a hablar sabemos que Isabel está preocupada por la situación en la que están. “Saldremos de esta, lo juro por nuestra hija” es la respuesta que le da Fernando para apaciguar sus temores.

Hay que pensar en algo. Encontrar una solución”. Estas son la palabras de Chacón a Carrillo. Todos los rostros de los recién llegados muestran lo mismo, preocupación. Parece una difícil situación que no tiene salidas. Carrillo le dice a Chacón que si bebé de los príncipes fuera niño, eso les daría más tiempo a buscar alguna solución y les permitiría pactar. Palencia interrumpe y cuenta que Enrique considera rotos los Pactos de Guisando y ha desheredado a Isabel.

El Rey está furioso por la marcha tan rápida de su hermana y Pacheco culpa a cabrera, ya que es el marido de la mejor amiga de Isabel, el rey, por el contrario, no lo culpa porque sabe que es un hombre leal del que puede fiarse “no me fallará nunca”. Pero sin casi respiro Enrique y Pacheco traman confiscar los bienes de todos lo que apoyan la causa de Isabel porque “hay que extirpar el mal de raíz.

                   

Isabel quiere mandar una carta pero Fernando no lo ve claro, porque sabe que con cartas no se lucha. Él mismo mantiene que necesitan escribanos y no soldados. En su carta Isabel lo que pretende es desenmascarar a Enrique, contar la verdad porque “el pueblo debe saber al verdad”.  Fernando le dice a su esposa que el pueblo quiere sólo dos cosas: una, que llueva para los campos, y dos, que se les bajen los impuestos. Carrillo que se interesa por la opinión de Fernando “dar la cara, llevar la iniciativa” esa es la respuesta de Fernando, porque sabe que las guerras sólo se ganan batallando y no enviando cartas. Isabel le recuerda que no hay guerra, pero su esposo la corrige y le que sí están en guerra. Fernando quiere combatir pero “las cosas se harán a mi manera” es la respuesta de Isabel algo que crispa a Fernando, porque ve que su opinión no se tiene en cuenta. Es una discusión en la que Fernando reta con las palabras a Isabel y ella lo desafía con la mirada. La carta se envía, aún sin el beneplácito de Fernando. Chacón ayuda a Isabel a redactarla. Cuando Isabel llega a su alcoba de derrumba, llora desconsoladamente. La presión de los últimos acontecimientos aflora.

                    

Enrique lee en alto la carta de Isabel. “Es dura de pelar mi hermana” dice con una sonrisa en la cara. Continúa leyéndola, junto a él están Pacheco, Mendoza y Obispo de Sigüenza, hermano de Mendoza. Enrique ya cansado de la carta de su hermana la tira al suelo, “no menospreciéis esa carta Majestad” le dice el obispo, que intuye de las palabras escritas que Isabel no habla de rendición, sino que combatirá y algunas cosas lo pueden perjudicar ante el pueblo. Mendoza le cuenta al Rey que la carta fue enviado a iglesias, villas y ciudades. Enrique recrimina a Mendoza que por qué no se le informó antes “porque a un Rey no hay que interrumpirle nunca Majestad” es la respuesta del obispo, respuesta que llama la atención a Enrique. Los dos hermanos salen de la entrevista con Pacheco y el Rey, hablando con sumo cuidado por los pasillos del palacio. Saben y desean que algún día gente como Pacheco desaparezca. Mientras el Rey ordena a Pacheco que se incaute la carta, pero Pacheco le recuerda al Rey que las palabras hay que combatirlas con palabras, por lo que necesitan a alguien allegado al bando de Isabel para que niegue lo que ella escribió.

En Aragón las cosas no andan bien. Giménez está haciendo una sangría porque roba y mata a los emisarios del Rey Juan. Pero en este caso deja a uno con vida para que le haga llegar un mensaje. Mensaje que llega al palacio. El Rey Juan le comenta a Peralta que Giménez es fuerte y el pueblo lo ve como un caudillo. Sabe que necesita a su hijo, pero él tiene problemas también. “Aragón y Castilla” son dos problemas a solucionar.

                  

Fernando está reunido con Carrillo, que tiene racionar determinados víveres porque sino pueden escasear, mientras Gonzalo le informa algunos hombres beben mucho problema por lo que ha tenido que aplicar “castigos ejemplares”. Un criado llega con una carta para Carrillo, su semblante palidece, algo que no se le escapó a Fernando y manda a Gonzalo a que lo siga.

                   

Pacheco y Carrillo se reúnen sin que nadie lo sepa, a espaldas de los dos bandos. Los otros dos discuten,Pacheco le informa que en Asturias los nobles serán castigas y Vasconia perderá sus fueros, pero Carrillo sabe que se toman esas medidas por temor al pueblo. Lo que no saben es que Gonzalo está ahí viéndolo todo. Pero Carrillo se mantiene firme es leal a Isabel y no sucumbe al chantaje de Pacheco. Como despedida, sobrino y tío se abrazan ante unas ultimas palabras.

Pacheco cuenta al Rey que Carrillo se mantiene leal a Isabel. Enrique sabe que su apoyo es importante.  El Rey le da la palabra a Cabrera quien le dice a Pacheco que el Rey de Francia ha tenido un hijo varón, por lo que las posibilidades del Duque de Guyena para reinar son nulas, a parte que Francia renuncia a la boda de Juana con el Duque de Guyena. Enrique piensa que las cosas no les están saliendo bien, pero Pacheco le corrige y le recuerda la niña sigue siendo heredera de Castilla.

Beatriz se alegra de que Juana no se case con el Duque. Mientras su marido está preocupado, sabe que Pacheco ejerce una gran influencia en el rey. Le cuenta lo que hizo con Carrillo, ante la noticia Beatriz se alegra de que su amiga cuenta con gente leal.

Fernando está mal y habla con Palencia. “Le llaman posteridad” es la respuesta de Palencia a Fernando, cuando el príncipe le reconoce que lo que queda son las palabras de los cronistas.  Carrillo entra y le cuenta a Fernando que una representación de nobles asturianos quiere una entrevista con ellos, porque todo a punta a que Asturias puede retirar sus apoyos. Fernando va a ir a hablarlo con Isabel pero Gonzalo lo frena, “Carrillo es un traidor” y le cuenta lo que vio.

El Rey de Aragón necesita a su hijo. Manda a Peralta a Medina de Ríoseco para traer de vuelta a Fernando, aún a sabiendas que a Isabel no le va a hacer ninguna gracia. A cambio, se dará dinero, cosa que Peralta le recuerda que no hay dinero ni pagar a los soldados, el Rey Juan también envía a los 50 mejores hombres de la guardia aragonesa, hombres que lucharon con Fernando en la guerra.

Están reunidos Isabel, Fernando con Carrillo y Chacón, quien les informa que los asturianos son leales, pero el Rey les ha aumentado los tributos y a penas, lo mismo que a los vascos. “¿Qué pasa con Vasconia?” Pregunta Fernando, la respuesta es que el Rey les ha retirado los fueros y el Duque de Haro es el gobernador, a los asturianos que también les toque a ellos. Isabel no duda por ningún momento, es consciente de que puede pasar. Los asturianos vienen para saber si se les puede ayudar, pero saben que no. Algo para lo que Fernando tiene solución, quiere a toda la guardia en la puerta, los soldados con las espadas limpias, las mujeres con los vestidos zurcidos. Les mostrarán la mejor cara, quiere hacer ver que no hay problemas. Se gira a su mujer para pedir que ante ellos muestre la mejor de sus sonrisas. El rostro de Isabel en esos momentos se suaviza y parece relajado.

                   

Reunidos ya con los asturianos, los nobles comentan que el Rey está dispuesto a acabar con todos los que asistieron a la boda, pero además con lo que ocurre en Vasconia saben que ellos pueden ser los siguientes, porque en Asturias ha comenzado a exigir vasallaje. Isabel pregunta que es lo que hace Enrique y se encuentra con la realidad: el Rey quita títulos y riquezas y se las da a los que les son leales, además amenaza con quitar la condición de caballeros. “Castilla será la suma de sus regiones” es una de las promesas que Fernando hace a los asturianos para que se mantengan firmes y no los abandonen. Isabel no le gusta, porque sabe que es una promesa que no se puede cumplir.

Es de noche e Isabel, en sus aposentos, está sumida de nuevo de sus pensamientos, pero Chacón la interrumpe. Ella le dice a ese hombre que, la quiere como un padre, que no está acostumbrada a prometer cosas que no se pueden cumplir ni a engañar, Chacón la corrige diciendo que es una estrategia y con ellos se gana un poco tiempo. “¿Va todo bien entre Fernando y vos?” Isabel ante tal pregunta deja bien claro que Fernando es buen padre y esposo. Isabel le da una serie de explicaciones a Chacón sobre el carácter de su esposo, por lo que Chacón le muestra que Fernando y ella son más parecidos de lo que piensan, pero sin olvidarse de recordarle que su esposo la admira y de que en ese día ha defendido muy bien sus intereses. Fernando los interrumpe, quiere hablar con ellos.

Fernando quiere mandar demasiado” es lo que le dice Carrillo a Palencia mientras juegan al ajedrez. Carrillo se da cuenta de que el cronista sólo sabe elogiar a Fernando, porque lo tiene impresionado, por lo que Carrillo le recuerda que está donde está gracias a él y por ellos se puede acercar a Fernando. Carrillo gana la partida “jaque mate”.

                   

Fernando sigue con Chacón y con Isabel. Les cuenta lo que ha visto Gonzalo y no son capaces de salir de su asombro. Isabel no puede creer que Carrillo la pueda traicionar, pero además se siente molesta con el hecho de que Fernando enviara a Gonzalo a esa misión sin contar con ella previamente. Fernando por un momento se gira, dándoles la espalda a ambos. Él reflexiona y sabe perfectamente cuales son las razones de que su esposa esté molesta y le dice lo mismo que Chacón, son iguales. Le pide perdón, pero nunca le diga como actuar o que decir cuando él sienta necesario, porque nunca hará nada que no sea en beneficio de Castilla. Catalina entra con la pequeña Isabel y la cara de Fernando radia felicidad: “cada día se parece más a vos” con estas palabras de su esposo Isabel esboza una tímida sonrisa.

A la mañana siguiente Isabel observa como Fernando se acerca a una de las doncellas. Lo que ve es que su esposa la está cortejando. ¿Puede ser que Fernando sea infiel a Isabel? Su rostro se vuelve frío, se nota que por sus venas la sangre le está hirviendo de cólera. Su mandíbula se tensa. Pero de sus pensamientos la distrae Gonzalo que viene con buenas noticias. Le da la noticia de que Peralta está de camino con 50 soldados. El joven soldado pregunta por Fernando para darle la buena nueva, “ahí le tenéis” es la respuesta de Isabel. Gonzalo se muestra sorprendido ante lo que ve pero lo disimula. Isabel le ordena que no acepte órdenes de nadie sin haberla consultado antes.

Peralta acaba de llegar. Fernando reitera que lo soldados de la guardia aragonesa son los mejores y que ha luchado con ellos. Aunque a Carrillo el número no le convence. Pero las cosas cambian cuando Peralta da la verdadera noticia por la cual que ha venido a Castilla: el Rey Juan necesita de inmediato a Fernando en Aragón, las cosas van de mal en peor en ese reino. No es una noticia que agrade. “Eso si va con vos” es la respuesta de Isabel a un confiado Peralta que cuanta que su príncipe marche a su reino. Carrillo explica que su marcha puede ser mal interpretada por los enemigos. Pero un molesto Fernando deja claro que esa misma noche partirá hacia Aragón y se llevará a Palencia con él. Una resignada Isabel dice: “Podéis marchar”. Pero el resignación que se puede intuir en la frase, no es más que una engañifa para esconder su enfado. Carrillo se acerca a ella “no os quedáis sola Majestad” le recuerda a Isabel y ella le agradece el gesto. Llega el momento de la despedida “os echaré de menos” son las palabras sinceras de su esposo. Están en sus aposentos, Isabel sostiene en sus manos un rosario. Isabel está fría, distante con él. Está claro que sigue enfadada, pero es la primera vez en un año que se separan. Fernando le quiere hacer ver que es el futuro lo que cuenta y es por lo que está luchando. Le recuerda que le es leal, momento en que Isabel se encara a su esposo y “¿Y con vuestra fidelidad?” pregunta que deja perplejo a Fernando pero que al mismo tiempo le molesta y le dice que nunca le ha sido infiel. Se despiden con un beso más frío que cálido. Peralta y Palencia están preparados para marchar, pero Fernando antes de partir deja instrucciones a Gonzalo que vigile a Carrillo, pero lo más importante es que no deje sola a su esposa. Es misma noche Isabel ordena que sus damas duerman en los aposentos con ellas. Además despide a la doncella con la que supuestamente estaba coqueteando Fernando.

Fernando llega a Aragón. Padre e hijo se abrazan con extrema alegría, “como os he echado de menos padre”. Fernando le presenta a Palencia y le dice que es una persona de confianza. El Rey Juan le comenta todo lo sucedido. Lo hizo llamar porque tiene que ir a Cataluña a negociar con Francia y le habla a su hijo de Giménez y la sangría que está haciendo. Fernando le su palabra de que lo va a solucionar y que se vaya tranquilo.

En la corte de Castilla saben que Fernando está en Aragón y hay sólo dos posibilidades: que Aragón esté peor de lo que parece o que el matrimonio tiene desavenencias. Pacheco dice que es el momento de derribar a Isabel y verla arrastrándose delante de Enrique. Su plan es atacar Sepúlveda. Cabrera, que está presente se alarma, Mendoza no está muy de acuerdo, pero apoya la decisión de rey. Enrique da orden de que se ejecute ese plan.

Sepulveda va a caer” le dice Cabrera a su esposa, Beatriz. Él piensa que lo hace porque es judío y sabe que Pacheco sospecha de él. Beatriz le sugiere ir a ver a Isabel, él le dice que Fernando esté en su reino de Aragón e Isabel está sola y no tiene dinero. Ella insiste, porque conoce a su amiga y sabe que si alguien la avisa Isabel responderá, porque está muy unida a Sepúlveda. Es ella la que irá a ver a su amiga, hace mucho que no la ve y aprovechará para estar con sus padres también.

Fernando se ve libre en Aragón y reconoce delante de Palencia y Peralta que no quiere encerrarse en un palacio. De repente, tras sentir un impulso, Fernando se levanta y se marcha.

En Castilla, Isabel nota que Catalina está más callada de normal y ella le hace saber el por qué. La razón es que Isabel está más enfadada que de costumbre. Hablan de las razones que llevan a la princesa a dormir con sus damas, ella le dice que no quiere rumores, aunque de todos es sabido de la virtud de Isabel, pero ella quiere dar ejemplo porque así “tal vez así lo sigan otros” palabras dirigidas a su esposo ausente.

De repente Fernando se levanta y la siguiente escena lo vemos caminando por el campo con Aldonza. “Sí, todo está bien” le dice ella cuando él le pregunta. “Sí, soy feliz” es la respuesta que le de Fernando cuando ella pregunta si es feliz. Le habla de Isabel y de su niña, en ese momento la expresión del príncipe se ilumina y comenta que se parece a su madre.

Se aman” ese es el problema es lo que Chacón le dice a Catalina, que le había comentado que Isabel despidió a una de las doncellas porque creía que se estaba dejando Cortejar por Fernando cuando no es verdad, porque si hubiera ocurrido ella lo sabría. Chacón le dice que no se preocupe.

Aldonza le presenta a Fernando al hijo que ha tenido de él. Fernando se interesa por el bienestar de ellos, ella le dice que no se preocupe porque el Rey Juan la está ayudando.

Chacón habla con Isabel y le recuerda lo que ella misma le dijo que Fernando era buen padre y esposo. Ella le contesta que sus problemas matrimoniales no son asunto de nadie, pero él la corrige porque son asunto de Estado. Los interrumpe Gonzalo y les dice que unos soldados del Rey Enrique fueron arrestados pero les acompaña una mujer.

Fernando se encuentra con Giménez en una taberna. Lo reconoce por un anillo. Giménez al principio se muestra desconfiado, pero Fernando lo convence con sus palabras, ya que Aragón, le dice, está sufriendo de guerras estériles, algo que le molesta al príncipe y se lo deja claro Giménez. “Porque nada se hará en Aragón sin contar con la opinión del pueblo” es la respuesta de Fernando cuando Giménez le dice que tiene que hablar con sus seguidores.

                     

Es mujer es Beatriz. Las dos amigas se vuelven a encontrar después de mucho tiempo. Beatriz cuenta todo lo que su marido sabe. En unos dos días se atacará a Sepúlveda, con unos 200 soldados, que es la cantidad aproximada con la que Cabrera cree que se actuará.  Carrillo se muestra reticente a que los soldados dejen Ríoseco. Pero Isabel fue clara en las órdenes que ha dado a Gonzalo: quiere que con la guardia aragonesa defiendan Sepúlveda. Castillo sigue mostrando su descontento a lo que Gonzalo responde que jugará con el factor sorpresa, que las tropas no cuentan. Además sale a colación, por manos de Isabel, el tema del encuentro que Carrillo se ha visto con Pacheco. “Yo mismo os vi abarzaros” Gonzalo se descubre ante Carrillo. Pero mantiene que lo que le dijo a Pacheco es que se mantiene leal a Isabel, algo que Beatriz corrobora, porque también se lo contó Cabrera a ella. Gonzalo se siente mal, él sabe lo que vio no lo que se dijeron. Isabel también disculpa a Gonzalo, quien le dice una de las órdenes de Fernando fue que no la dejara sola, pero Isabel quiere y ordena que vaya a defender Sepúlveda.

Chacón va a hablar con Carrillo para que se lo explique. Entonces le cuenta lo ocurrido, pero los interrumpe Gonzalo, que pide el perdón de Carrillo y éste se lo da y añade: “procurad volver con vida”.

 Isabel le presenta a su hija a Beatriz. Ella dice lo que todos, que se parece a su madre. Beatriz le recuerda quien siempre fue Isabel a ella la que le daba ánimos y nunca al contrario. Ademas, le dice que ella es le futuro de Castilla. Isabel le expone a su amiga sus dudas con Fernando y Beatriz le hace ver que con celos y a veces el amor es lo que conlleva. Su amiga le expone que también le gustaría presentarle a su hijo a Fernando, porque lleva su nombre. A lo que Isabel no puede salir de su asombro y su rostro así lo muestra.

                

Giménez y Fernando se encuentran de nuevo. “De vosotros depende” les dice y promete un futuro sin guerras, sin impuestos, pero quiere un Aragón en el que reine la paz. Fernando da muestra una vez más del buen uso que tiene sobre las palabras. Pero fue un engaño y dentro del palacio Giménez firma un acuerdo, de repente la guardia real se abalanza sobre él y le ponen los grilletes. Fernando le dice que su familia no pagara por ello.

                 

Les dejaremos entrar en la ciudad sin oposición” Gonzalo explica la estrategia a seguir a cuando los hombres de Pacheco lleguen a la ciudad. Todo esta preparado. La ciudad esta vacía, muerta fantasma y al grito de “por Isabel y Fernando” plan de Gonzalo comienza y con ella una cruenta lucha.

Fernando dice a Palencia que parten ya para Castilla. Partirán con 200 hombres que acaban de llegar de Cataluña. La razón que va a luchar en Vasconia, porque ha cumplido con su padre y ahora debe cumplir con Isabel.

En la corte, el Rey está enfadado, los hombres de Isabel han ganado la batalla y reprocha a Pacheco que hubiera dicho que sería fácil cuando al final no resulto ser así. Cabrera lee un papel que le hace llegar un criado y tampoco son buenas noticias, al contrario, anuncia que Fernando va con sus tropas en contra del duque de Haro, algo que nadie se esperaba. “Parece que están cambiando las tornas” es la frase con la que se encara Mendoza a Pacheco.

                   

Después de 3 largos meses Fernando está de regreso. En el comedor están Carrillo, Chacón, Palencia y los dos príncipes. Fernando cuenta que el Duque de Haro no contaba con ellos y fue una batalla fácil. Palencia haciendo alarde de su admiración por Fernando mantiene que había otros modos de operar que no escribir cartas. Sus palabras van dirigidas a Isabel. Carrillo le para los pies al escribiente, ya que gracias a esa carta se frenó un ataque directo que sufrirían en sus propias carnes. Fernando se preocupa por Asturias y Carrillo le informa que ha quedado liberada también. A lo que Fernando sólo puede dirigir elogios a Gonzalo ya que sus hombres hablan maravillas de él y de su batalla en Sepúlveda. Cuando Fernando le recuerda al joven soldado que dejó sola a su esposa, es la misma Isabel quien interfiere porque ella fue quien se lo ordenó, ya que no sólo sabe escribir cartas. Modo que tiene de devolverle sus propias palabras a Palencia. Fernando e Isabel se va a la habitación. Hablan sin frialdad en sus palabras, están enamorados le dice que la ha echado de menos, “entonces, por favor Isabel, dadme un beso”. El amor vuelve, pero es que nunca se ha ido.

Isabel ha amanecido contenta, se nota que Fernando está de vuelta y Catalina, su dama, le hace saber que la ve de buen humor y aprovecha para hablar de la doncella despedida. Es la misma Isabel la que le pide que la doncella vuelva.

                  

Gonzalo se va a ver a su familia, pero Fernando es mentira. Le pregunta si es por haber dejado sola a Isabel y es el propio Fernando quien le dice que no se preocupe, porque hizo un buen trabajo. Pero las razones son otras, Gonzalo mantiene que pronto llegarán los acuerdos y los pactos pero que no sabrá a quien obedecer. Sin casi terminar de formular una petición Fernando le dice que no se preocupe que lo despedirá de Isabel, y con voz sincera le dice que le gustaría volver a coincidir con él, a lo que Gonzalo responde: “siempre que me necesitéis”.

                    

Parece que soplan aires nuevos” le dice Carrillo a Palencia, que sólo tiene buenas palabras para Fernando, su buen hacer con Giménez y además que ha visto con sus propios ojos lo temido que es Fernando en el campo de batalla. Ninguno de los sabe que Isabel escucha detrás de la puerta. Por ello Palencia todo despreocupado le cuenta a Carrillo que Fernando ha tenido un hijo varón fuera del matrimonio. Tiene un bastardo. El rostro de Isabel cae en una profunda, la felicidad se le deshace en sus manos y su mundo se rompe a sus pies.