Isabel

Análisis del capítulo 1×10 de Isabel: Una boda y un bautizo


Tras celebrar la boda, en el capítulo anterior, el lunes hemos podido disfrutar de la luna de miel de Fernando e Isabel. Una luna de miel que es de todo menos tranquila e idílica, ya que queda empañada por los planes de Enrique IV de casar a su hija Juana con el Duque de Guyena.Por una vez en todo lo que llevamos de serie, vemos como la propuesta de Mendoza de traer de vuelta a la reina, Doña Juana de Avis, es respaldada por Pacheco, algo que agradece el Rey y que, muy a su pesar, tiene que cumplir para dar una buena imagen ante el enviado de Francia.

   

Pero esta maniobra “se desvanece” por el amor que desprenden los recién casados. Una escena romántica donde la pareja, después de un momento de amor, conversan: “¿Qué estáis pensando?” pregunta un risueño Fernando mientras acaricia la mano de su esposa, “en vuestros ojos” responde una enamorada Isabel. El joven lleno de pasión la acaricia, pero el carácter algo vergonzoso de ella lo interrumpe, algo con lo que Fernando le recuerda que es su esposa, pero inmediatamente ella cambia de tema recordándole que el Rey no da ninguna respuesta sumándole que no tiene bula por la cual validar su matrimonio. Fernando inunda a la joven entre gestos y besos, pidiéndole que olvide quienes son. Así se dejan llevar de nuevo por la pasión.

     

 

Enrique y la pequeña Juana pasean por los jardines de palacio en donde el rey le reconoce a su hija, mediante secreto, que a él también le gustaría, a veces, desaparecer, algo a lo que la niña no comprende ya que su padre es el rey. Tras lo cual, fondo, aparece la reina Juana que se reencuentra con su hija, momento en el que el rostro de Enrique se torna duro, enfadado y molesto por la presencia, incomoda de su esposa.

¿Enrique quiere casar a su hija con el Duque de Guyena?” con esta pregunta comienza la escena en la que Isabel y Fernando se enteran de las intenciones del Enrique, algo a lo que Fernando le responde a su esposa que con ese gesto de su hermano ya tiene la respuesta que ella quería a las misivas que le envió, además el Principe aragonés se muestra muy molesto con esa maniobra de Enrique, ya que Castilla se aliaría con el gran enemigo acérrimo de su reino, Francia. Es consciente de lo que ello supondría porque sabe por la difícil situación, sobretodo económica, en la que se encuentra Aragón. Cuando Fernando pide respuesta se encuentra con la espera de Carrillo, algo que crispa un poco más, si cabe, los ánimos de Fernando. Isabel, por su parte recuerda que su hermano no es amante de las guerras, pero Chacón la devuelve a la realidad diciéndole con que personas se rodea el rey y que son esas mismas personas las que pueden llevar a Enrique a encabezar una guerra.

   

El rey Enrique, haciendo un esfuerzo, se acerca a los aposentos de la que todavía es su esposa y, por tanto, la reina. Pero le deja bien claro la razón por la que ha vuelto a la Corte y no es otra que el futuro de Juana, así sin más oscilaciones le estampa que “nosotros nunca volveremos a ser una familia”. La mujer tras oír las indicaciones de su esposo de como llevar a cabo la farsa, ella le cuenta con voz temblorosa lo que se dice del Duque de Guyena, a lo que Enrique le responde “Es el hermano del rey de Francia”. Esa misma noche Enrique hace una recepción para dar la bienvenida al enviado de Francia. Ahí se tramitarán los acuerdos de la boda, que se celebrará tras el invierno, por cual Castilla y Francia quedan unidas y sus ejércitos, como bien dice Pacheco, se unirán para derrotar a Aragón. Él mismo recuerda que “El invierno llegará pronto y este año las cosecha no han sido buenas” por lo que cuentan que Aragón se resienta y el rey Juan se debilite más, además Pacheco adelanta que Carrillo se llevará una sorpresa.

La sorpresa a la que se refería Pacheco era que las tropas del rey entraron en Toledo y se apoderaron de los bienes de Carrillo, confinando en su casa a su hijo, Troilo. Es el mismo Carrillo quien informa de lo sucedido, son conscientes que lo que se pretende con todo ello es debilitar a la fuerzas que apoyan a Isabel y saben que van actuar para que el pueblo de Valladolid piense que Isabel y su gente no saben gobernar. Todo termina con una impactante frase que dice Carrillo: “Nos espera un invierno, muy duro Chacón. Muy duro”.

¿Tan mala es la situación?” Así da comienzo la escena donde el capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba relata las penurias por las que están pasando las mermadas tropas que tienen. Una situación que se complica por la falta de dinero además del frío invierno que se está viviendo. Algo a lo que Fernando responde que el dispendio de la boda les vendría muy bien, a lo que Carrillo le recuerda el dinero y las tropas que prometió el rey Juan y que todavía no envió. La enfrentación es clara entre los dos hombres, porque Fernando sin pelos en la lengua aclara que su padre sufre guerras de verdad donde perecen militares y no como la que están viviendo ellos, que son guerras de cartas. Chacón pide calma, algo que un nervioso Fernando no comprende, pero deja la discusión diciéndole a Gonzalo que él mismo hará guardias.

¿Cómo aún podéis sonreír en un momento así?” Le pregunta Isabel a Chacón, cuando éste acude a los aposentos del joven matrimonio. Él le responde, sin perder la tranquilidad que caracteriza su voz, que la fortaleza se mide por las veces que alguien se levanta. Acaban recodando a la madre de Isabel, a su padre, hasta que Chacón se ofrece a llevarle a Fernando una prenda de ropa e Isabel le dice que lleve mantas a los soldados.

   

Enrique, tras la cena con la reina, con Beatriz y Andrés, le ofrece ser, a su mayordomo, alcalde y tesorero de la Villa de Madrid, cargos que ya ostenta en Segovia. A que lo Cabrera acepta. “Pedidme cualquier cosa, menos que olvide eso”. Con esta frase Beatriz despacha a la reina, cuando ella y su hija van a visitar al hijo de Cabrera. Esa frase tiene un especial sentido cuando sale de labios de Beatriz, que es su modo de recordarle el mal trato que le dio a su amiga Isabel cuando estuvo en palacio.

   

Isabel pide disculpas cuando entra en los aposentos, porque se encuentra a Fernando cambiándose de ropa tras hacer una de las guardias, algo a lo que su esposo le dice que no debe pedirlas. Sabe que Isabel quiere departir con él sobre lo sucedido con Carrillo y le pide disculpas, peor no puede evitar decir unas bellas palabras sobre la sonrisa de su esposa, a lo que ella responde “cuando llegue ese día yo os apoyaré y también os prometo que os sonreiré

Pasad, pasad Peralta” Con estas palabras el rey Juan le informa que todo lo que había ganado en su día Aragón, lo ha perdido, además teme la unión entre Castilla y Francia.

Nos os quejéis, que todas las malas noticias sean esas” con esta chanza disfrutamos de otra escena con del joven matrimonio, en la que Fernando expresa a Isabel el tedio que vive, algo que parece no entender nadie, ya que él es un hombre de armas.

A lo que su mujer, cariñosa, le ofrece compartir  un paseo por el pueblo, que no es nada tranquilo, ya que una mujer, desesperada por no poder comprar una hogaza de pan, recrimina los malos momentos por lo que están pasando.Fernando se lleva a Isabel y ya de vuelta al castillo, la joven defiende a la mujer que los increpó en medio de la plaza.

  Mientras que Fernando mantiene su postura, Isabel argumenta la suya hasta que de repente se desvanece. Fernando, ya en el interior de palacio, y dirigiéndose al médico con preocupación por la salud de su joven esposa, éste lo reconforta dándole una gran noticia: Isabel está encinta. Sin olvidarse de lo ocurrido y de lo que ocurre Isabel muestra un pequeño desaliento a o que su esposo le dice “nunca es mal tiempo para ser padres”. Solos, por fin, y llenos de alegría se repiten el uno al otro “que todo el mundo lo sepa”.

La buena nueva llega a oídos del rey que se toma muy mal la noticia, más cuando sabe que la respuesta de Francia se hace esperar y ante tanta noticia desagradable le responde a Pacheco: “yo ya no confío ni Cristo que volviera”.

La noticia llega también al Reino de Aragón, a lo que el rey dice “Tiene que ser varón, tiene que serlo”. El rey lo que piensa es que ofreciendo un futuro, es decir, si nace varón que case con Juana, puede que se llegue a un acuerdo y sabe que “Fernando hará lo que yo le pida”.

   

Peralta llega con la idea del rey Juan a junto de Fernando e Isabel, pero la propuesta crispa los ánimos de la joven que de ninguna manera ve factible lo que el padre de Fernando propone  y mientras que ahora el que parece tranquilo es Fernando, Isabel se enfurece porque “Estamos hablando de mi hijo, de nuestro hijo”, Fernando en todo momento la apoya. Cuando todos salen del comedor, la joven pareja se enzarza también en una discusión debido a Fernando se sintió desplazo, además del trato que ha dado aun enviado de su padre. Le recuerda los títulos que tiene y los que heredará, mientras le reprocha que él ha cedido en muchos asuntos, ella de momento no lo hizo en ninguno. Fernando se retira e Isabel pregunta, él le responde con tono enfadado que quiere que se apresen a los cabecillas del motín. Isabel prefiere negociar propuesta que se encuentra con “os aseguro que en estos asuntos tengo más experiencia que vos”.

 

Mientras en la corte, Enrique IV viendo que Francia se hace rogar, ya que no contesta a las misivas  que Castilla envía a París, el Rey, en una maniobra bien pensada y sabiendo del revuelo que puede ocasionar al enemigo de la Corona de Aragón, hace llegar al rumor que si Isabel y Fernando tienen un hijo varón, su hija Juana podría contraer nupcias con ese niño. Pacheco de siente bien cuando dice: “Parece que el sueño de Isabel se debe estar esfumando”.

Suerte que ha pasado el invierno” Esta frase se la dice Isabel a su esposo cuando él entra en los aposentos la ve cosiendo uno de sus prendas. Comienzan a hablar de una situación casi insostenible. Pero Fernando reconoce la entereza que muestra en las peores situaciones, Isabel mantiene que se siente tranquila y reconoce que también le ayuda tenerlo a su lado. Coge la mano de su esposo y la apoya en su vientre, como una señal de que a partir de ahora son tres.

Y llega el gran momento para el matrimonio formado por los jóvenes príncipes. En el pasillo esperan Chacón, intentando dar sosiego a un Fernando nervioso, que a cada grito que oye de su esposa se tensa, se sobresalta y Chacón le recuerda le recuerda que “Isabel es una mujer fuerte”. Otra que persona que está en el pasillo a la espera del nacimiento es Carrillo. Su rostro se muestra más inquieto que el del joven padre de la criatura que está por nacer y no habla con ninguno de os dos hombres. Pro fin se oye el llanto del recién nacido, se abren las puertas de la alcoba y sale una de las damas de Isabel quien informa que “ha sido una niña”, Fernando sonríe y se dirige a los aposentos para ver a su esposa y a su hija, Chacón respira tranquilo, mientras que Carrillo no sale de su asombro, porque sus planes se han trucado. El joven padre le pone el nombre de Isabel, como su madre.

Parece que la estratagema de enviarle a los franceses la posibilidad de casara Juana con el hijo varón de Isabel ha dado resultado, por lo que Enrique se siente bien como reflejan sus palabras: “ver a mi hija bien casada y con su futuro bien asegurado”.

El hijo de Andrés Cabrera y su esposa Beatriz ha enfermado. El palacio de se hace eco del suceso que llega a oídos de la Reina, que se acercará hasta los aposentos del matrimonio. Cabrera se sorprende al verla allí, pero Beatriz quiere que se marche, Juana de Avis, por su parte, saca arrestos y le manifiesta a la joven su decisión de pasar toda la noche a su lado mientras el pequeño no se recupere, porque las dos son madres y mientras ella no puede retener a su hija, porque el padre ya le ha buscado un esposo, ayudará en lo que pueda a Beatriz para que disfrute de su hijo. Al amanecer el niño está repuesto de su dolencia.

También al despuntar el alba no muestran a un Fernando velando a su esposa y a su hija recién nacida.

La entrevista entre Fernando, Isabel, Chacón y Carrillo muestran las asperezas y las diferencias entre Fernando y Carrillo, ya que este último pretende hacer creer que la recién nacida es un varón y así poder llevar a cabo lo que ya había planeado. Puesto en pie, el joven rey de Sicilia no vacila ni un segundo al discutir con el  eclesiástico espetando: “me vais a entender raudo” en un momento en el que Carrillo, bien en un intento de llevar el asunto a su terreno, bien intentando calar los ánimos se muestra extrañado ante las palabras del Príncipe de Aragón, unas palabras que achaca a lo que pudo ver Chacón, pero no sabe que fue Palencia quien se lo contó a Fernando, que para rematar deja claro que “hemos tenido una niña y estamos orgullosos de eso”.

  

Isabel, para tener a Carrillo contento, le propone que sea él quien oficie el bautizo de su hija. Él lo acepta y se muestro contento ante la noticia, pero Isabel lo hace, en parte, para calmar los ánimos del ambicioso arzobispo.

 

No se puede ganar siempre” es la frase que utiliza Enrique cuando recibe la noticia del nacimiento de su sobrina Isabel, que la acoge con gran alegría ya que no supone un peligro y le dice a Cabrera que se alegra de la pronta recuperación de su hijo. El rey busca a su hija y se encuentra con su esposa que deja que su hija disfrute un poco más de su condición de niña. La reina pide permiso para preguntar: “Ya conocemos el futuro de nuestra hija, ¿cuál será el de su madre?” A lo que el rey no responde.

Fernando informa a Isabel que Chacón a contactado con unos mercaderes judíos para la obtención de víveres, la noticia agrada a Isabel que lo que pretende es comenzar con su esposo una conversación sobre Carrillo. Isabel le debe mucho, pero opina lo mismo que Fernando, además que no pueden tener el apoyo que necesitan de Aragón, algo que le duele a Fernando y que Isabel no le reprocha, por ello Isabel le recuerda las palabras que un día, no tan lejano, le dijo Fernando a ella.

 

A la pequeña Juana de Castilla la están ataviando para su desposorio con el Duque de Guyena, hermano del Rey de Francia. Su madre Juana entra en su habitación abatida, no por el futuro de su hija, sino porque es consciente que se va a separar más de ella si cabe. Cuando madre e hija quedan solas, la niña le hace preguntas a su madre, impregnadas de la inocencia de la infancia, cuando de repente a la Reina se le llenan los ojos de lágrimas, momento en el que entra Beatriz, la esposa de Cabrera, y es quien le explica a la niña que su madre llora de alegría. Cuando la pequeña princesa sale de los aposentos la reina rompe a llorar sin poder evitarlo y Beatriz con gesto sincero, devolviendo el que Juana tuvo para con su familia, le explica que “lo hago porque sois madre”.

 

Carrillo y Fernando, delante de Gonzalo, tienen un ensayo con la espada y viendo la destreza que el religioso muestra con ese arma Fernando pregunta por la obligaciones de sus feligreses y Carrillo le dice que es él mismo quien se encarga de que cumplan con sus obligaciones a o que Fernando responde: “¿Lo hacen por fe? O  ¿lo hacen por miedo?”. Fernando deja ganar a Carrillo, algo que Gonzalo, como bien soldado, se da cuenta y reta al joven príncipe aragonés.

   

Mientras se celebran, en la Corte Real, los esponsales de Juana con un representante del Duque de Guyena, allí el obispo que oficia la ceremonia, denuncia el matrimonio entre Fernando e Isabel, por haberse casado sin bula y reconoce a Juana, hija del Rey de Castilla como legítima heredera. A final de los mismos, Pacheco lee un escrito que realizó el propio rey en el cual se dan por nulos todos los acuerdos firmados en Guisando, deshereda a Isabel y nombra a Juana su heredera.

La noche es de tormenta. Isabel está durmiendo y cuando despierta encuentra a Fernando que tiene acurrucada en sus brazos a la pequeña Isabel que llora. Isabel sobresaltada se despierta y se encuentra a su esposo que le dice “se ha despertado”. Él se sienta al lado de su esposa, a la que mira con dulzura, y entre los dos intentan calmar a la niña.

Enrique le informa a su esposa la decisión que ha tomado: tras los esponsales de su hija y una vez que los invitados se marchen, ella puede dejar la corte y volver con sus otros dos hijos a los que debe cuidar. La noticia no sienta bien a Juana y el rey le dice “no estéis triste Juana”.

   

Las tropas de Pacheco han salido se Segovia y se dirigen a Valladolid. “Debemos retirarnos” es lo que les dice Chacón al joven matrimonio, mientras Carrillo les informa que se dirigirán a Río Seco, que es feudo de Enríquez y les asegura que sus vidas allí no correrán peligro, algo que Fernando le agradece.Gonzalo, como buen soldado reitera que se puede quedar combatiendo para que la comitiva haga tiempo, pero Fernando lo frena diciendo ”quiero a los mejores hombres protegiendo a mi esposa y a mi hija”. Así con esta huída tan apresurada es como termina el capítulo.

   

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