Isabel

Análisis capítulo 1×13: Isabel se corona Reina


Palencia escribe que en Castilla muchas cosas han cambiado y que nadie sabe cómo serán en el futuro, en un futuro no muy lejano. Fernando se fue a Aragón una vez más, el Rey Juan está confiado que la presencia se hijo ayude a calmar los ánimos en los catalanes y recuerda a su hijo que las cosas en Castilla cambian, pero Fernando no está allí y se siente mal por ello, para incluso afligido. Sabe que debería estar junto a Isabel, pero un hombre no puede dividirse y estar en dos lugares a la vez. Palencia continúa redactando: “y es que Doña Isabel si bien es consciente de su papel como Princesa, a menudo no parece serlo del de mujer”.  Ella, mientras tanto, está muy enfadada con su marido por no estar con ella, porque tiene obligaciones como príncipe, sino también como esposo.

 

Chacón le recuerda que tiene obligaciones para con su padre, el Rey de Aragón, y para su reino. También le dice que no es adecuado que interponga esos problemas , los personales, a los de Estado y que se centre en la lucha que lleva combatiendo durante años que es por su tierra, su reno, Castilla. Castilla parece que está patas arriba, hay ciudades que están descontentas con Enrique y parece que tras la visita del Cardenal Borgia parece que los Mendoza quieren dialogar por el apoyo de Fernando a Pedro de Mendoza. Chacón es partidario de mandar aviso a Fernando pero Isabel le responde: “yo sola me basto y sobro”.

 

Cabrera quiere abrirle los ojos al rey pero no hay manera, está engañado por Pacheco. Enrique le pregunta qué es lo que se debería hacer, entonces el Mayordomo le dice que se tiene que acercar a Isabel y la reciba. Cabrera le dice al Rey que Carrillo ya ha perdido muchísimo poder, le aconseja que haga o mismo con Pacheco y sólo serán Isabel y él, “es más lo que os une que lo que os separa”. Pero Enrique desconfía incluso de un hombre tan fiel como Cabrera. Aparece Mendoza, dice que hay ciudades hartas y descontentas con la situación, los hombres de Pacheco saquean las ciudades, otras son sitiadas porque apoyan a Isabel. Enrique se queda blanco porque era ajeno de lo que estaba sucediendo. Mendoza apoya la propuesta de Cabrera, Enrique debe recibir a Isabel.

Palencia sigue escribiendo, “y el Rey Don Enrique y Doña Isabel concertaron un encuentro”, el cronista mantiene que se hace porque los dos están fuera del alcance de Carrillo y de Pacheco. Entra carrillo que se siente humillado por roma, se siente como un “leproso” y le Palencia dice que él es el verdadero arquitecto de toda esta causa. Pero cuando Carrillo deja las estancias la pluma de Palencia retoma su trabajo con las palabras más duras hacia Carrillo, ambicioso, un hombres que quería reinar sin ser Rey.

El Rey Enrique  ve visiones, ve a un niño pequeño que nadie más ve. Está Pacheco delante de él y sabe que el Rey va a verse con su hermana, Pacheco mantiene es que lo peor que puede hacer y el Rey, por su parte, le echa en cara los saqueos, pero Pacheco se lava las manos y le recuerda que él está a su lado. “¿Pero qué demonios es Castilla?”. Enrique es claro “voy a verla”, Pacheco no lo acepta. El Rey no está bien de salud y se le nota y está dispuesto a ver a su hermana. Juan Pacheco pregunta si los Mendoza está al tanto, el silencio de Enrique le da la respuesta. Por su rostro se diría que sabe que le poco tiempo y necesita arreglar viejos asuntos antes de partir a su viaje eterno.

Isabel lleva a su hija, quiere que la niña conozca al Rey, a su tío. Algo que Carrillo no acepta y que lo muestra mediante su cinismo. Carrillo quiere saber si se va a negociar algo, pero Isabel le dice que ella se atiene a todo lo que se ha acordado en los Pactos de Guisando. Isabel quiere que Enrique viva por mucho tiempo, es su único hermano y lo quiere como tal. Le manda a Cárdenas que avise a Fernando mediante una misiva, pero Chacón, una vez que dejan los aposentos de Isabel, le dice a su sobrino, que vaya él mismo para avisar a Fernando. Carrillo se muestra escéptico a que Fernando le haga caso a Cárdenas, porque aunque es un Hombre de Dios, ya ha perdido la Fe en todo y en todos, pero aun así irá con ellos a Segovia.

Pacheco prepara el rapto de Isabel y su hija, con sus hombres de confianza. Mientras él visitará a la reina Juana en Extremadura, para hacerla participe de que apoya a su hija Juana. Además, al no estar en Segovia, no levantará sospechas de que el rapto fue planeado por él y se aleja de toda la comitiva de Isabel y de la pantomima que supone ver a esos dos hermanos juntos de nuevo.

Cabrera y Beatriz están en las puertas y reciben a Isabel en Segovia. Las dos amigas se abrazan y el rostro de Cabrera muestra satisfacción. La pequeña Isabel ya está mayor. el niño Fernando y la niña Isabel juegan, mientras las dos amigas hablan, Isabel desconfiada de Enrique. Beatriz le dice que mantenga la calma, que muchas cosas han cambiado además que Pacheco no está en Segovia. Hablan de sus esposos: recuerdan las lágrimas que Beatriz soltaba cuando se le dio la noticia de que casaría con Cabrera, pero ella misma reconoce que es el hombre que toda mujer sueña tener. Isabel dice que Fernando es maravilloso “el problema es cuando no está”. El rostro de Isabel se tiñe de tristeza.

Cárdenas se ve con Fernando, el está indignado con Isabel por ver a Enrique sin él “por Dios que mujer” dice refiriéndose a Isabel. Entra su padre echando pestes contra los condes catalanes y su hijo le da consejos, le dice que negocie hay que hacerse ver como sus reyes. El Rey Juan no está muy conforme con la marcha de su hijo cuando Fernando le dice que se va a Segovia y el Rey Juan se siente desbordado por todos los acontecimientos y le dice que lo haga si quiere. El Rey aragonés deja las estancias lleno de furia. Fernando, a tal imagen de su padre, sonríe.

Los dos hermanos Enrique abraza a Isabel con gran cariño. Él está raro, más contento y emocionado de lo normal. Ellos dos se separan del resto de las personas que están con ellos. Enrique le pregunta por Fernando, ella le contesta que está en Aragón solucionando algunos problemas. Chacón y Carrillo se preguntan en voz baja por Pacheco, pero los Mendoza les dicen que no está, que se ha marchado. “Mi hermana, ha vuelto”, dice Enrique todo orgulloso y es algo que hay que celebrar, además lo dice porque intuye que Carrillo, los Mendoza y Chacón pueden estar hablando de política. Isabel le dice que tiene una sorpresa, Enrique echa a todos para quedarse a solas con su hermana. El Rey se sorprende cuando ve a la niña Isabel, a su sobrina, “Dios mío, pero si es igual que vos cuando erais niña. Y es una niña bien educada”. Isabel le dice a su hermano que no se deje llevar por las apariencias, porque su hija tiene mucho carácter, a lo que él responde “lo dicho, igual que vos” y Enrique se emociona más si cabe. El reconoce que querría ver crecer a su hija, incluso reconoce que le gustaría haber tenido otra vida y no la que tuvo, su hermana le dice que el pasado nunca se podrá cambiar. Enrique se ofrece a acompañar a Isabel a dar un paseo, “quiero que la gente me vea pasear junto a mi hermana”.

Pero un fuerte dolor rompe la alegría del momento. Cabrera le dice que hay que ver al médico. Es el propio Cabrera quien le hace saber a Isabel que la salud del Rey, también el Mayordomo le regala buenas palabras a la princesa y le dice que su esposa Beatriz es la artífice.

Los hombres de Pacheco entran para llevar a cabo el plan del rapto de la madre y de la hija. Isabel y su hija duermen, pero Cabrera y sus hombres los están esperando en los aposentos de la Princesa, por lo que el plan de Pacheco se frustra y solo dejan a uno vivo para que les cuente la verdad.

Un medico esta con Enrique, está enfermo. Le da un brebaje medicinal con hierbas es lo que le da, para aligerar el estómago, se le prohíbe la carne de caza durante algún tiempo, además de no hacer comidas pesadas “y no purgaros vos mismo sin mi consejo”.

Los Mendoza y Cabrera hablan del único hombre vivo en el asalto a la persona de Isabel y fue uno de los criados de Pacheco quien le dijo a Cabrera lo que se estaba pasando.

 Pedro de Mendoza dice que Pacheco está en Extremadura para ver a la reina. porque no hay nada que lo ate a aquellas tierras.  Los tres hombres no dirán a nada a Isabel y al Rey y Diego dice que nada se les dirá porque se pueden levantar sospechas, además quiere exterminar a Pacheco de una vez por todas.

Enrique e Isabel pasean a cabello juntos. Isabel le agradece a su hermano el gesto que ha tenido con ella, mientras, él mirando a las gentes como compran en el mercado, dice que todos ellos, cualquier persona del pueblo le gustaría ser rey, príncipe o princesa, pero cualquiera de esos títulos no conlleva la felicidad. Enrique se queda perplejo cuando ve a las gentes sonreírle, e Isabel le hace saber que ellos, el pueblo, también están hartos de guerras y luchas constantes. Enrique le pide que se acabe con todas las luchas, porque él lucho contra su padre, después contra su hermano y todo por la Corona. Isabel levanta la vista hacia el frente y sus ojos se encuentran con los de Fernando, que les da una sorpresa a ambos hermanos con su presencia. “Os presento a Fernando, Rey de Sicilia y Príncipe de Aragón”. Enrique le da un saludo a su cuñado y Fernando le dice que estuvieron a  poco de conocerse, si no fuera porque tuvo que esquivar a sus soldados para poderse casar con Isabel. Enrique se ríe, porque distingue en la voz de Fernando cierta gracia. Enrique se da cuenta que el pueblo quiere al joven matrimonio. “Sin duda este es un gran día” acaba diciendo Enrique.

La Reina Juana quiere ver a Pacheco, pero Pedro, el padre de sus gemelos no quiere. Juana le pide que sea breve con sus mensajes. Pacheco quiere que actúe, primero porque el Rey está reunido con Isabel en Segovia, segundo porque está defendiendo a su hija y sus derechos al trono de Castilla, “¿preparáis una guerra?” le dice Juana, porque Pacheco le cuenta que quiere que ella hable con su hermano, el Rey de Portugal, para que envíe tropas. Pero la reina está harta de intrigas. Los Mendoza no son de fiar le advierte Pacheco, porque sabe que apoyan a Isabel, pero ella tampoco se fía de Pacheco.

Hay una cena en la que todos están reunidos. El hijo de Pacheco también está. Isabel baila, Fernando la mira embelesado, Enrique está contento. Cabrera sentado al lado de Diego de Mendoza, hablan sobre la presencia del hijo de Pacheco en la cena. Carrillo está al lado del primogénito de su sobrino y le pregunta por su padre a lo que el joven responde que su padre no es amigo de la hipocresía y las falsedades. Cárdenas está contento pero Chacón le pide prudencia. Enrique está emocionado como Isabel. El Rey hace un brindis porque quiere unir fuerzas por Castilla y que se olviden las disputas del pasado, también se dirige a Fernando porque no son enemigos sino familia son primos además de cuñados. Pedro de Mendoza también brinda y Carrillo se hace eco de lo sucedido. Chacón va tras él, “juradme que no habéis maniobrado a mis espaldas” le dice Carrillo a Chacón y él le responde que se enteró cuando todo había ocurrido. Los dos discuten. Chacón le recuerda que quiere ser el nuevo Pacheco. Carrillo se desentiende de Isabel y de Fernando.

En la cama, los príncipes hablan sobre Carrillo. Son conscientes que Carrillo es malo como amigo pero más como enemigo, como bien dice Isabel. Fernando le pregunta a su esposa por qué no lo esperó, ella le dice que la situación así lo exigía y le recuerda a su esposo los acuerdos matrimoniales. Fernando se siente abatido, por no estar con ella, pero sabe que no puede dividirse para estar a su lado y al de su padre. Ella le dice que le encantaría haber iniciado este viaje a Segovia a su lado, porque malos recuerdos regresaron a su mente y le dice que es él quien la deja sola. Él le pide que lo mantenga informada si no está a su lado y “dejemos de discutir” le pide él, estando juntos y felices salvarán cualquier problema “debemos ser el uno para el otro y el otro para el uno” y se besan. El amor entre ellos es una llama que parece no extinguirse.

Pacheco está con su hijo, muy furioso porque su plan del rapto fracasó. Esta tan furioso que dice “mierda de rey” refiriéndose a Enrique. Pacheco cuenta que más pronto que tarde la Reina acudirá a él. Su hijo le dice que en la cena sólo Carrillo parecía fuera de lugar y le recuerda que Fernando ayudo a al Mendoza y Carrillo no lo sabía y por ello dejó la cena. Pacheco aprovecha el momento para encontrarse con su tío, los dos están en las mismas, además Carrillo lo ve y casi, casi lo acepta, pero Pacheco no. Le recrimina cosas quiere, pero quiere que se unan para apoyar a Juana, Carrillo no se siente con fuerzas, según él mismo está cansado, pero le reconoce a su sobrino que nunca más apoyará a Isabel.

Diego de Mendoza, Fernando, Isabel y Chacón están reunidos, la razón es que el Rey no hace nada para hablar con Isabel sobre el tema de la sucesión. Por otro lado, Fernando no se fía de Pacheco y lo dice alto y claro. Chacón le recuerda lo que hizo en contra de Isabel y Fernando también le recuerda que gracias a su apoyo como al del Rey Juan su hermano es Cardenal. Lo que quieren es que hable con el Rey por la sucesión. Diego es reticente, conoce al Rey sabe que si se le insiste mucho puede tomar por el camino contrario y le dice a Isabel que ella misma lo puede hacer y seguro tenga más éxito si lo hace él, pero Isabel no quiere hacer su movimiento, porque ella lo haría si no quedara más remedio. “Pero no olvidare a quien no me apoyaron” dice Isabel clavándole la mirada a Mendoza y premiará a todos los que la apoyaron desde un principio.

Mendoza habla con el rey de la sucesión, le recuerda la alegría y el alborozo del pueblo cuando lo vieron con la joven pareja de príncipes, se sabe que el pueblo los quiere. Le dice que si no lo hacen habrá intrigas y desconfianzas algo que Castilla no necesita, porque el Reino necesita tranquilidad. Enrique está feliz porque está con su hermana y su familia y triste, por su hija. Lo mejor para Castilla, “¿qué es lo mejor?” entonces el Mendoza reconoce que su mejor baza es Isabel y garantiza el mismo que su hija se casará con alguien de alcurnia y que así propondrá en las negociaciones con Isabel. El Rey acepta y así lo hace Isabel.

Pacheco tose y comienza a echar sangre por la boca, su hora está llegando, algo grave tiene y finalmente muere. Sabía que estaba enfermo pero su ambición y codicia no lo hacían reconocerlo. Lo encuentra su hijo tendido en el suelo, fuera de su despacho.

Todos están reunidos tratando los temas más relevantes. Isabel dice que casará a Juana con alguien de alcurnia, porque ante todo es hija de Reyes.Todos están de acuerdo. Entre otros puntos a tratar, Cárdenas se refiere a la residencia del joven matrimonio, el Rey ofrece y quiere que Fernando e Isabel se vengan a Segovia, a lo que Chacón dice que habrá que disponerlo todo y Mendoza lo calma diciéndole que Cabrera lo dispondrá todo. Chacón es quien trata de sacar el tema de la sucesión y le recuerda los Pactos de Guisando que él, el Rey rompió en su momento.

Cabrera entra interrumpiendo la reunión y da conocer la fatal notica Pacheco “ha muerto”. El silencio envuelve la estancia, todos se miran, unos a otros, nadie se la esperaba. Pero todas las miradas se centran en el Rey “¿Juan ha muerto?”. El Rey se derrumba y comienza a llorar, porque realmente apreciaba a ese hombre, por lo que Mendoza ve pertinente que se termine la reunión, algo que el Rey le agradece. El Rey deja las estancias, Cabrera lo sigue cerrando tras de sí las puertas, para que nadie vea como Enrique se derrumba en el suelo.

El hijo de Pacheco revisa los documentos de su padre, Carrillo entra en escena diciéndole que deje de revisar documentos y que haga lo que su padre le gustaría que hiciera, seguir sus mismos pasos. Además le advierte que su padre pudo haber sido envenenado, ya que parecer ser que murió de lo mismo que su hermano, Pedro Girón. Diego queda sorprendido ante tal revelación y Carrillo le dice que de la muerte su padre solo se beneficia una persona, Isabel. Le dice que si va a ver al Rey y le toca la fibra sensible le dará un puesto en la Corte, lo que ayudaría a que Isabel nunca reinase.

El rey se ha ido a Madrid, es la noticia que le Cabrera a Isabel, algo que no sienta nada mal. La noticia de la muerte de Pacheco lo ha deja muy mal, ante el descontento generalizado Diego de Mendoza dice que “la salud del Rey es lo primero” y les comunica que el propio Enrique le ha dado plenos poderes para seguir negociando con Isabel y cuando Enrique regrese firmará lo que haya que firmar. Chacón quiere redactar de forma inmediata un documento a lo que Cárdenas se ofrece para hacerlo. Pero las malas noticias no quedan ahí, Fernando se tiene que ir a Aragón, Francia ha entrado en Cataluña, pero antes que nada le pide a su esposa que lo mantenga informado de todo y que con lo que ocurra hará lo necesario para estar con ella. Isabel se siente otra vez sola, sola ante todo y ante todos. Fernando, antes de partir, le da instrucciones a Palencia, le pide que sea sus ojos en Castilla mientras él está ausente.

El Rey está hablando de Pacheco, de sus recuerdos cuando era niño junto a Juan. El hijo de Pacheco le dice que siempre hablaba de él con respeto y más de los recuerdos de aquella época. El Rey sabe que aunque discutían lo apreciaba mucho. “Ser Rey es complicado, Diego” le dice, también le gustaría que se hubiesen arreglado sus disputas y las riñas que tenía con Pacheco. Cuando Diego se va a marchar el Rey se levanta y le dice a Diego que sucederá a su padre en todo y lo nombra Maestre de la Orden Santiago, lo abraza y llora desconsolado en su hombro. Diego ya tiene lo que quería.

Los Mendoza se enteran del nombramiento de Diego Pacheco como Maestre de la Orden de Santiago, se sienten realmente extrañados, porque es un nombramiento que se hereda de Rey a Príncipe. Pedro le dice a su hermano Diego que vaya a Madrid, sino lo hará él mismo. Esa orden es la que más riquezas otorga y es un cargo que debería tener Diego de Mendoza y no Diego Pacheco. La misma noticia llega a Segovia. Todos están reunidos e Isabel está indignada y enfadada porque ve que su hermano le da más rapidez a ese nombramiento y no a la firma de los documentos relativos a la sucesión. Chacón le pregunta a Cabrera si tiene algún contacto en Madrid, Cabrera da dos nombres: Don Rodrigo Ulloa y Garci Franco, Chacón le pide por favor que a cualquier movimiento siempre los mantengan informados, pero Cabrera no está seguro, “no podemos permitir otro Pacheco junto al Rey” le dice Isabel a Andrés Cabrera que ante las palabras de la princesa acepta en dar orden a Ulloa y a Franco para que los mantengan informados. Cárdenas le dice a Isabel que hay que informar a Fernando, Palencia se ofrece para hacerlo, “haced lo que se os plazca” le responde Isabel, levantándose y marchándose.

El Rey está con Diego Pacheco, Ulloa. Ulloa le está presentando las cuentas, algo que Enrique no quiere hacer y prefiere dejarlo para otro momento, ante la insistencia de Ulloa, Diego interfiere para que la voluntad de Enrique se cumpla. Diego y el Rey se van y entra Franco, pidiéndole alguna novedad a Ulloa, éste le informa a Franco que no hay forma humana de acercarse al Rey y que Cabrera tiene razón que hay vigilar bien de cerca, porque advierte que hay que estar ojo a bizor porque el rey está muy débil y que el hijo de Pacheco, como buen sucesor de su padre, puede hacer cualquier cosa.

Diego y Enrique están fuera, el Rey tiene más visiones de un niño al que nadie ve, pero al que Rey sonríe. El médico le pide que haga reposo por el bien de su salud. Enrique echa al médico, Diego le insiste que haga más caso al médico, consejo que el Rey no acepta de buen grado y lo siguiente que hace es pedir que le hagan un asado para la cena. Los dos cenan juntos y Diego le dice a Enrique que si quiere ir a visitar a su hija, pero Enrique le dice que a lo mejor es ella quien no quiere verlo. Entra Diego de Mendoza y se da cuenta de la desmejora del rey. Mendoza le comenta lo de noticia del nombramiento de Diego como Maestre de la Orden de Santiago. Pacheco y Mendoza se lanzan acusaciones, Mendoza acusa a Pacheco del plan del rapto de Isabel y de su hija, la cara de Enrique es de asombro ante tal revelación, pero como Mendoza no tiene como probarlo, queda en nada dicha acusación. Enrique, harto de la disputa, les pide que lo dejen.

 

Isabel y Beatriz están juntas, Beatriz acicala a Isabel. Las dos recuerdan viejos tiempos. Ella echa de menos a su madre a Gonzalo, también recuerda a los muertos, y es por ellos por quienes tiene que luchar y se veía mejor que su hermano Alfonso. “Quiero ser Reina”.

Enrique está solo y ve al final de la mesa al niño, le sonríe y el niño le habla,”¿queréis jugar?” Le pregunta el niño, Enrique le responde que “ya es demasiado tarde para jugar”, “¿Merece la pena ser Rey?” Le pregunta de nuevo, a lo que Enrique le responde que “no”. Entonces el Rey, Enrique IV comprende que va a morir y que ese niño, el niño de sus visiones, no es otro que un pequeño ángel, que viene a buscarlo para emprender su viaje hacia la vida eterna.

“El Rey ha muerto”. Mendoza, Diego Pacheco, Ulloa y Garci Franco están en el lecho de muerte del Rey. Mendoza habla de convocar una junta para que decidir quién hereda la corona. Diego Pacheco dice que el mismo Enrique dijo que la sucesora era su hija y algunos criados lo escucharon. Pero Mendoza sabe que hay que ordenar hacer una junta para dictaminarlo. Una semana de luto por la muerte del monarca y después se celebrará un junta donde se proclame a una de las dos herederas Reina de Castilla, esta es la decisión de Mendoza, que se queda a solas con el cuerpo todavía caliente del Rey muerto.

Ulloa y Garci Franco van a Segovia a darle la noticia a Isabel y cabalgan veloces para acercarse hasta allí. Isabel está preocupada por la sucesión, ella quiere ir a Madrid para prepararlo todo,  pero Ulloa le comenta que Mendoza ha decido hacer una junta en la cual se proclame a una de las dos herederas Reina. Cabrera le pide que espere pero ella no quiere, Chacón apoya a Isabel. “No esperaré Cabrera” le dice Isabel. Pero el problema es Fernando y como se lo tomará su decisión y es lo que le preocupa a Chacón, ella lo calma diciéndole que Fernando lo debe entender, porque él también ha luchado para que todo se cumpliera. Pero Chacón le dice, algo que es cierto, que Fernando tiene tanto carácter como ella, a lo que Isabel responde “entonces aprenderá algo muy importante, él mandará en Aragón pero quien manda en Castilla soy yo”.

13 de diciembre de 1474. Rodrigo Ulloa y Garci Franco, juran ante el Altísimo que el Rey Enrique ha muerto y que el Rey no ha dejado firmado nada que declare a un legítimo sucesor, así Chacón tomando la palabra proclama reina a Isabel a lo firmado en los Pactos de Guisando. De los presentes nadie se opone. Las puertas de la iglesia, donde se celebra esta acto de proclamación , se abren. Isabel sale, donde la espera el pueblo vitoreándola.“¿Está todo preparado?” le pregunta a Cabrera, lo que él le responde “sí, Majestad”.

 

Ella está vestida de absoluto blanco, radiante para esta ocasión. El pueblo la reverencia como su Reina. Ella le pide a Chacón que este a su lado porque lo tiene merecido. Justo detrás de ellos va Cabrera. Cárdenas es quien lee el juramento, ella jura como al igual todos los presentes. Isabel se levanta del trono y ella misma coge la corona y se la coloca. Chacón está emocionado por el momento. El pueblo la vuelve a vitorear. Isabel le pide una espada a uno de los nobles, él se la da y ella se ofrece a Cárdenas para que la porte, ya que es la Espada de la Justicia. A Palencia no le ha gustado que Isabel ese gesto de Isabel, porque el escribiente sabe o que significa y así se lo hace saber a Cabrera, al que por otro lado no le sorprende, porque conoce bien a Isabel. Palencia le dice que “eso nunca lo ha hecho una mujer” a lo que Cabrera le responde “entonces es que iba siendo hora”.

Los hermanos Mendoza hablan con Chacón e Isabel, porque no les ha gustado lo que ha hecho la princesa, Diego de Mendoza le dice que él mismo conseguiría que dicha junta la nombrara Reina. Chacón dice que Castilla no podía permanecer con una vacío de poder, por lo que Pedro de Mendoza recalca que habría sido mejor esperar. Entonces Isabel les dice que como ella iba a salir elegida en esa junta ya no hay que esperar más, “¿sois leales a mi causa?” Les pregunta a los hermanos Mendoza. Pedro responde “Sí, Majestad” y ella les pide que juren lealtad y le pide a Cárdenas que le traiga una Biblia. Chacón está expectante a las reacciones de los dos hombres. Cuando ella les pregunta si la servirán como su Reina, Diego mira a Pedro y los dos juran.

Fernando se entera de lo que hizo Isabel y se enfadado más que nunca, “¿o es que solo voy a ser su consorte?” pregunta lleno de rabia Fernando. Palencia le dice que ella caminó detrás de la Espada de la Justicia,  “esta vez ha llegado demasiado lejos” dice Fernando porque sabe que ella lo hará.

Carrillo va a visitar a la Reina Juana, para darle el pésame por el fallecimiento de Enrique. Él se refiere a ella como Majestad, algo que ella le recrimina diciendo que ella ya no lo es debido a Isabel. Él le dice que la ha visitado para hablar del futuro, el de ella y el de su hija Juana. Los dos se alían y harán que el Rey de Portugal les envíe tropas.

 

Cárdenas le dice que hay que atender ciertos problemas que pronto surgirán y uno de esos problemas es con Fernando. Cárdenas sabe que Fernando no debe estar muy contento por no haberse coronado junto a ella y Chacón la informa que carrillo Madrid y la Reina, Juana de Avis, está en Corte por los funerales de su esposo muerto. Lo que se rumorea es que han pedido ayuda al Rey de Portugal para que defiendan los derechos de la Infanta Juana al trono de Castilla. Cárdenas le dice que si se apresuran le pueden buscar marido en alguna Corte europea a la joven infanta. Pero Isabel es consciente que no llegará, a su sobrina tal vez, pero a la madre y a Carrillo no. Le advierten que lo más probable es que haya guerra, “nos esperan tiempos difíciles, Majestad” le dice Chacón. Ella pactará con Carrillo o con quien haga falta para evitar la guerra y para que nadie más muera, “pero no seré débil como mi hermano Enrique, si quieren guerra la tendrán” y para que todo el mundo lo sepa “Que yo Isabel, soy la reina de Castilla, y solo Dios podrá apartarme de este trono”